El diario El Tiempo entrevista a Christopher Paolini

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El diario El Tiempo ha realizado una entrevista a Christopher Paolini por el lanzamiento de su nuevo libro Dormir en un mar de Estrellas. Compartimos con vosotros la misma para mayor información e interés. 

Esta “es una historia épica de ciencia ficción llena de naves espaciales, láseres, alienígenas, angustia, aventura y, por supuesto, tentáculos. Pero también es un libro que, en el fondo, sigue una línea profundamente personal de transformación”.

Con esta descripción, el best seller estadounidense de literatura juvenil Christopher Paolini nos adentra al mundo de ‘Dormir en un mar de estrellas’, primer libro de narrativa adulta del autor, que se enmarca en el género de la ciencia ficción.

Después de trabajar en esta novela durante seis años, el autor se sumerge en un mundo de posibilidades infinitas: la tecnología va más allá de lo imaginable, la inteligencia alienígena es una realidad y los humanos… seguimos siendo humanos: vulnerables, codiciosos y temerosos de lo desconocido.

A los 19 años de edad, Paolini se convirtió en un best seller de ‘The New York Times’ gracias a su saga literaria ‘Eragon’, que lo llevó a la cúspide y lo consagró como uno de los autores contemporáneos más reconocidos de fantasía. Vendió un millón de ejemplares solamente en España y 35 millones en todo el mundo. El libro se convirtió luego en película.

En entrevista con EL TIEMPO, Paolini habla de su más reciente libro, en el que un grupo de reconocimiento espacial, dirigido por la protagonista Kira Navarez, halla un planeta con un objeto alienígena, 250 años en el futuro, que tendrá implicaciones en toda la galaxia.

¿Cómo define esta nueva novela?

Con Dormir en un mar de estrellas intento transmitir muchas cosas, al tiempo que procuré plasmar en una trama de aventuras espaciales entretenida. Hice un gran esfuerzo para no sobrecargar a los lectores con información técnica, y aunque es un libro construido sobre la tecnología, no es el punto central de la historia.

El relato empieza con Kira, que es una xenobióloga, y ella encuentra algo muy particular…

Kira descubre un artefacto alienígena. Ella hace parte de un equipo de exploración que está investigando un planeta que puede ser, potencialmente, un lugar de asentamiento humano. Y allí encuentra accidentalmente este artefacto que, si bien no es el primero que han encontrado los humanos, sí es la primera evidencia real de inteligencia alienígena. Todo esto sucede aproximadamente 250 años en el futuro y, básicamente, ese descubrimiento la transforma tanto a ella como a la civilización humana y, además, la obliga a viajar a través de la galaxia para lidiar con las consecuencias de ese misterioso artefacto.

¿Qué obstáculos se le presentaron durante la larga escritura de este libro?

Cerca del final del 2011 publiqué ‘El legado’, la última entrega de las aventuras de ‘Eragon’, así que hice un tour por todo Estados Unidos y luego uno mundial durante el 2012.

Después de eso estaba exhausto, no solo por el viaje, sino porque había estado trabajando en esta única historia desde los 15 hasta los 27 años. Ya no era la misma persona que había empezado a escribir esa serie, afortunadamente, pero sí me sentía muy quemado por haber trabajado en el mismo proyecto durante tanto tiempo; así que me tomé un tiempo libre.

Escribí unas historias, algunas de las cuales terminaron incluidas en mi colección de historias cortas ‘El tenedor, la hechicera y el dragón’, que se publicó en el 2018. También escribí un guion cinematográfico que no funcionó, como nos debe suceder a todos los novelistas, y escribí una precuela corta de lo que se convirtió en ‘Dormir en un mar de estrellas’. De hecho, ahora mismo estoy revisando esa precuela. Pero todo eso fue para refrescar mi cerebro, para darme a mí mismo un poco de variedad dentro de mi oficio de escritor.

¿Y entonces llegó esta nueva novela?

En el 2013 empecé con seriedad a investigar, pero, a decir verdad, la idea para este libro la tuve en el 2006, así que ha estado conmigo durante un tiempo muy largo.

Habiendo escrito fantasía, sabía cuál era la cantidad de esfuerzo que tomaba construir un mundo imaginario. Y quería hacerle justicia al género de la ciencia ficción. Pero había una dificultad adicional porque, a diferencia de mi fantasía, quería que mi ciencia ficción estuviera localizada en el mundo real. Así que, a pesar de que sucede en el futuro, Dormir en un mar de estrellas incluye toda la historia física conocida. Es la Tierra tal y como la conocemos. Y eso fue una gran restricción porque significaba que toda la ciencia tenía que basarse en alguna realidad reconocible, no podía contradecir nada que ya aceptáramos como válido.

¿Cómo fue pintar en palabras ese futuro lejano?

Fue el problema más grande con el que tuve que lidiar: hacer que mis humanos del futuro viajaran más rápido que la velocidad de la luz para que así mi historia pudiera ir de una estrella a la siguiente sin tardarse cientos de miles de años. Y la dificultad con eso es que, de acuerdo con la física como la conocemos, si viajas más rápido que la velocidad de la luz tienes, automáticamente, una máquina del tiempo. Y no tengo nada en contra de las máquinas del tiempo o del viaje en el tiempo como un recurso narrativo, pero no quería que mi nave espacial cotidiana fuera también una máquina del tiempo. Y no contradecir la física como la conocemos fue muy difícil.

Al final encontré a un ingeniero aeroespacial que había planteado una nueva teoría que me permitió hacer todo lo que yo estaba buscando en el libro y que, a la larga, formó las bases para mis viajes superlumínicos. Este libro es el primero de la que serán muchas historias ubicadas dentro de lo que estoy llamando el ‘Fractalverso’.

¿Qué tan intimidante es la creación del primer libro de un nuevo macrouniverso?

Lo más desconcertante de todo es saber que las reglas que he establecido en el primer libro son las que dictarán lo que puedo o no puedo hacer. Y mi idea con este nuevo universo es que todas las historias que escriba, que no sean de fantasía, puedan ubicarse dentro de él.

Así que pasé mucho tiempo pensando acerca de mi propia perspectiva filosófica sobre los avances humanos de la tecnología y sobre lo que yo pienso que puede o no ser posible dentro del Fractalverso.

Por eso me tomé tanto tiempo en la escritura. Estaba siendo muy cuidadoso porque, como aprendí con el ciclo de ‘El legado’, todas las decisiones que tomes al principio de un mundo te atan para siempre y no es necesariamente una cosa mala, pero sí algo con lo que debes ser cauteloso.

Este es un tributo a la ciencia ficción, pero también tiene una aproximación muy humana hacia la enormidad del universo…

Creo que la enormidad del universo se refleja en el título mismo del libro. No solamente la enormidad misma del universo, sino también la variedad e inmensidad de la existencia. Encuentro increíblemente frustrante el no poder subirme a una nave espacial ahora mismo e ir a explorar el universo. Puede haber una cantidad enorme de nada allí afuera, puede ser bastante aburrido, pero el problema es que no lo sabemos y sería maravilloso salir y ver todo eso.

¿Qué otras preocupaciones existenciales le suscitó el libro?

Creo que el control y el crecimiento personal son las razones centrales de por qué quería escribir esta historia.

Siento que uno de los grandes retos de la adultez, si no el más grande, es aprender a lidiar con las cosas que no podemos controlar. Y podemos destrozarnos por la frustración, la pérdida, la rabia o lo que estemos sintiendo, pero debemos aprender a aceptarlo.

Gregorovich es uno de los personajes memorables. Usted la llama “mente de a bordo” (como unas inteligencias artificiales) que siempre está en el límite de la cordura…

Odio decir eso porque no sé cómo se refleja en mí, pero de todos los personajes, Gregorovich es probablemente el más cercano a mí.Amo escribir personajes que se dejan ir lingüísticamente y, por ende, me dejan jugar más con el lenguaje. Y el punto de vista de Gregorovich es uno muy interesante.

Mientras investigaba sobre ciencia pasé mucho tiempo leyendo sobre inteligencias artificiales, y estoy preparado para estar ciento por ciento equivocado en esto, pero mientras leía me convencí de que una verdadera inteligencia artificial es mucho más difícil de lograr de lo que creemos. Y la razón es que, hasta donde sabemos, nosotros somos la única especie que es consciente de que es inteligente en el universo. Y no entendemos cómo la consciencia y el sabernos pensantes se crean a partir de la estructura física del cerebro.

Ahora mismo tenemos los primeros pasos de inteligencia artificial y cuántica con cosas como Siri y Alexa, pero este tipo de tecnología es lo que en mi libro yo llamo pseudointeligencias. Y sí, son extremadamente útiles y aparentan ser inteligentes en algunas ocasiones porque pueden responderte y hacer cosas, pero no son conscientes de sí mismas. No pueden crear nada a menos que se basen en un algoritmo. Así que esa es la distinción que hice y esa es la razón por la que terminé yendo en la dirección de las “mentes de a bordo”.

¿Cómo llegó a nombrar a los personajes, como los Wranaui, una de las especies alienígenas?

Cada nombre se me ocurre de manera diferente. Algunas veces hay un sentimiento que estoy intentando capturar, a veces hay una organización de letras que estoy intentando usar o replicar como un patrón en las palabras. Por ejemplo, los Wranaui surgieron porque el primer nombre para una medusa que tuve fue el del gran villano del libro, Ctein, que es un nombre real. Hay un matemático en los Estados Unidos que se llama así. Robé su nombre sin vergüenza para rendirle tributo. Pero el nombre empieza con dos consonantes, una C y una T, así que todos los nombres y palabras de las medusas empiezan con dos consonantes.

¿Cómo va el guion de la película de este nuevo libro?

Bien. Ahora mismo estoy puliendo el borrador final de la primera versión. Estoy emocionado de sacármelo de encima: disfruto escribir guiones, pero esta es una adaptación de una historia en la que he estado trabajando durante diez años.

¿Hay un pequeño guiño (en la forma de un nombre) conectando sus mundos pasados literarios?

Sí, hay un personaje que hace una aparición en ‘Dormir en un mar de estrellas’ que creo que algunos lectores de ‘Eragon’ y las otras novelas del ciclo de ‘El legado’ van a reconocer. Si tienen curiosidad por saber si es quien creen que es, esa pregunta está respondida en la nota final.

¿Qué les dice a sus lectores que solo están acostumbrados a leer fantasía?

Denle una oportunidad, porque la ciencia ficción no es tan diferente de la fantasía, los dos son ficción imaginativa y especulativa. Ambos están imaginando un mundo que no existe. Ambos están imaginándose reglas de la física que no existen. Y, si les gusta la manera en la que cuento historias, si les gusta cómo se siente la narrativa del ciclo de ‘El legado’, creo que van a tener esa misma sensación con esta novela. Una advertencia justa: es una novela para adultos y no es tan cálida y suave como ‘Eragon’.

Gracias a ElTiempo.



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